
Hablar de Steven Wilson es sinónimo de Porcupine Tree, de reputado productor, de músico polivalente, íntegro y admirable como pocos. Sin embargo, detrás de su faceta más conocida se encuentran un sinfín de proyectos e inquietudes musicales, muchas veces ignorados por los seguidores de su banda principal; desde Blackfield y su reciente álbum en solitario hasta otros como Bass Communion, Incredible Expanding Mindfuck y el que en esta ocasión va a ocuparnos: No-Man. No-Man es el fruto de la colaboración entre Steven Wilson y el vocalista y compositor Tim Bowness, contando ya con varios trabajos publicados a lo largo de su historia.

La principal novedad respecto a otras de sus bandas o proyectos es que en No-Man las letras están escritas y cantadas por Tim Bowness, quien también colabora en la parte compositiva, limitándose Wilson a encargarse de la mayoría de la instrumentación, así como de ese inconfundible brillo final aportado por su mezcla y producción. Con frecuencia cuentan con la colaboración de músicos que resultarán familiares a los fans de Porcupine Tree, como el flautista y saxofonista Theo Travis, e incluso miembros de la propia banda como Gavin Harrison o Colin Edwin.
No-Man quedan lejos del rock progresivo y psicodélico con escarceos casi metaleros de los últimos Porcupine Tree; en su lugar nos encontramos con un pop delicado, repleto de exquisitos arreglos y melodías, muy ambiental y etéreo, sin olvidar algún que otro deje progresivo en cuanto a estructuras y duración de las canciones. Unas canciones que desprenden melancolía, a veces positiva y con un toque luminoso, y otras pesimista y desesperada, pero en cualquier caso de una belleza verdaderamente sobrecogedora, superior a la alcanzada por cualquiera de las otras músicas de Wilson.

Schoolyard Ghosts es el título del último álbum de No-Man, publicado en 2008, y para mí de entre lo más destacado del pasado año. La voz frágil de Tim Bowness conduce unas canciones en las que cada melodía que aparece parece superar a la anterior en emotividad y belleza, ensalzadas por los sutiles arreglos de Steven Wilson. Pero no todo es delicadeza; en el tema Pigeon Drummer nos sorprenden con unos pasajes violentos y ruidistas que crean un cruel contraste con la atmósfera dominante. Es obvia la influencia del reciente disco de Scott Walker, The Drift, el cual tendrá su merecido hueco en este blog cuando llegue su momento. Por destacar algo en particular dentro de un álbum de calidad muy homogénea, me veo obligado a mencionar Truenorth, tema estrella de 13 minutos de duración con una estructura maravillosamente fluida que culmina en un final precioso, de los de cerrar los ojos y dejarse llevar. Un disco ideal para quienes aprecien la faceta más ambiental de Porcupine Tree y también para todos aquellos que gustamos de escuchar música en tardes lluviosas...

La principal novedad respecto a otras de sus bandas o proyectos es que en No-Man las letras están escritas y cantadas por Tim Bowness, quien también colabora en la parte compositiva, limitándose Wilson a encargarse de la mayoría de la instrumentación, así como de ese inconfundible brillo final aportado por su mezcla y producción. Con frecuencia cuentan con la colaboración de músicos que resultarán familiares a los fans de Porcupine Tree, como el flautista y saxofonista Theo Travis, e incluso miembros de la propia banda como Gavin Harrison o Colin Edwin.
No-Man quedan lejos del rock progresivo y psicodélico con escarceos casi metaleros de los últimos Porcupine Tree; en su lugar nos encontramos con un pop delicado, repleto de exquisitos arreglos y melodías, muy ambiental y etéreo, sin olvidar algún que otro deje progresivo en cuanto a estructuras y duración de las canciones. Unas canciones que desprenden melancolía, a veces positiva y con un toque luminoso, y otras pesimista y desesperada, pero en cualquier caso de una belleza verdaderamente sobrecogedora, superior a la alcanzada por cualquiera de las otras músicas de Wilson.

Schoolyard Ghosts es el título del último álbum de No-Man, publicado en 2008, y para mí de entre lo más destacado del pasado año. La voz frágil de Tim Bowness conduce unas canciones en las que cada melodía que aparece parece superar a la anterior en emotividad y belleza, ensalzadas por los sutiles arreglos de Steven Wilson. Pero no todo es delicadeza; en el tema Pigeon Drummer nos sorprenden con unos pasajes violentos y ruidistas que crean un cruel contraste con la atmósfera dominante. Es obvia la influencia del reciente disco de Scott Walker, The Drift, el cual tendrá su merecido hueco en este blog cuando llegue su momento. Por destacar algo en particular dentro de un álbum de calidad muy homogénea, me veo obligado a mencionar Truenorth, tema estrella de 13 minutos de duración con una estructura maravillosamente fluida que culmina en un final precioso, de los de cerrar los ojos y dejarse llevar. Un disco ideal para quienes aprecien la faceta más ambiental de Porcupine Tree y también para todos aquellos que gustamos de escuchar música en tardes lluviosas...
Sólo escuché el Schoolyard Ghosts una vez creo, de momento no le tengo cogido el punto a No Man. Eso sí, cuando los escuchas salta a la vista el toque ambiental de Steven Wilson, es bastante notorio su trabajo haga lo que haga el jodío...
ResponderEliminarVaya, pues pensaba que lo tendrías más controlado, sabiendo lo mucho que te gustan Porcupine Tree, y que no haces ascos a estas cosas tranquis. Es bastante diferente, pero puedo decir que a mí, conociendo solo este disco de momento, me llena tanto como cualquiera de PT. De hecho éste de No-Man y el Insurgentes me tienen como loco.
ResponderEliminarLa verdad es que de Wilson, excepto Insurgentes, Blackfield y PT no he oído nada más, de hecho un amigo me habló de un proyecto electrónico que tiene, que no me acuerdo del nombre, y por lo que me contó no me entró curiosidad ninguna.
ResponderEliminarPero nada más que por el mimo con el que has escrito el artículo y por mi experiencia con otras cosas que has recomendado (Conception), voy a escucharlo. Ya te contaré.
Por cierto, felicidades por el nacimiento del blog, espero que sea otro punto de referencia como furia...
Joaquín, el proyecto electrónico seguramente sería Bass Communion, creo que ya va por el segundo disco ;).
ResponderEliminarOh, y gracias por los piropos :P
Gracias por el comentario Joaquín. Procuraremos que esto vaya creciendo poco a poco...
ResponderEliminarBass Communion (que realmente no es electrónico, más bien ambiental pero con instrumentos reales) también tendrán su hueco en el blog más adelante ;)
Entiendo su pasión por el mimetismo, por la diversidad freak de las bandas escondidas, pero por momentos desearía que este tío hace ya tiempo hubiera planteado su carrera musical bajo su propio nombre, en toda su inmensidad y disparidad. Puede que sea arriesgado, pero sin pretender el beneplácito de la historia mal escrito, hay grandes discografías de grandes nombres que no están a la altura de lo ya hecho por este tío.
ResponderEliminarQuizá sea el antojo de un obseso del orden discográfico, pero ¿te imaginas ahora mismo toda su producción bajo su nombre propio? Dylan así la tiene, y no le ha ido tan mal. : )
Schoolyard Ghosts es un disco muy bueno. Las palabras que me vienen a la mente al recordarlo son 'exquisito', 'dulce', 'suave', 'precioso'... Y quitando la sorpresa de la tercera pista (que sigo sin saber si me gusta o disgusta en la cronología del disco) es tan fluido que entra solo. Vamos, nada raro en Wilson. La voz de Bowness me parece también muy adecuada y le da un toque de frescura (si cantara Steven puede que fuera "otro proyecto más", al no diferenciarse tanto).
ResponderEliminarMuy buenas melodías y un cuidado detalle lo colocan como uno de los mejores álbumes de 2008 en mi lista particular. Escuché también Flowermouth, de 1994 si no recuerdo mal, que también tenía unas propuestas interesantes aunque menos preciosistas que el disco que ahora nos ocupa. No obstante, recomendado también.